Estoy pensando en todo lo que dejé de hacer sólo por llegar hasta ti.
Dejé sobre la mesa el libro de cuentos infantiles, pausé la película que siempre quise ver, el reproductor cantó para sí mismo, el helado se derritió, mis manos no volvieron a contarle historias al papel, usé mi voz para rechazar nuevas oportunidades, trasnoché y no fue por ver a la luna hasta el amanecer.
Antes de conocerte ya había inventado una voz para ti, y me gustaba. Tú me gustabas también.
Pero ya no eres el mismo, y yo me habría enamorado si hubieras seguido siendo aquél extraño apático y difícil, si hubieras sido una máquina de repeticiones y reproducciones, si hubieras permitido que cada noche inventara nuevas voces para ti, si hubieras recorrido ciudades y conocido gente que yo también conozco. Sólo para sentirte cerca, tan cerquita que serías lo más distante e imposible que jamás he querido vivir.
Estoy pensando que no debía conocerte, que debía mantenerte incógnito, peyorativo y abstracto, frugal e inútil, ridículo a causa de mi enamoramiento infantil. Entonces yo habría dicho cada noche antes de dormir: buenas noches, extraño. Tú habrías besado otras bocas y jugado con otros cuerpos, y yo seguiría deseándote y satisfaciéndome de imaginación.
Estoy pensando y dejo de hacerlo, porque estoy cansada de tu cuerpo, de tu voz y de tus chistes, de tu tacto, de tu roce y tu respiración, de tu proximidad que nunca quise creer y por la cual ahora me repeles.
Adiós, extraño. Qué placer hubiera sido el no haberte conocido.
Lo extraño y lo conocido y ese lugar intermedio que es la virtualidad. Nombre perfecto para un estado que es como el coloidal. No es real, no es ficción, son las dos, no sabemos en qué cantidad. Sabemos lo que ese otro nos deja ver y no sabemos si eso que vemos es o parece ser. Pero tratando de mirar la situación en la distancia, cuando tocamos, cuando besamos, cuando amamos, pasa lo mismo. No sabemos si lo que tenemos entre las piernas es o parece ser. ¿Dónde nace la certeza? Algunos piensan que en la constancia, en el arraigo, otros en la posesión, en el grillete. Algunos pocos consideran la libertad como posibilidad de certeza, pues parece ambiguo. Sigo pensando que por ese derrotero está la respuesta y así, no necesitaría despedirme de eso que no sé, tal vez lo acoja en mi regazo.
ResponderEliminar