jueves, 1 de diciembre de 2011

Domingo, Noviembre 30 y comienzo de mes.

Dejando a un lado toda clase de egolatría, elevándome a un estado fútil que me exhorta a la transformación, enciendo un cigarro y pienso. En mi cabeza está tu imagen, eres tú de pie en un fondo blanco que empiezo a humedecer como se hace con un lienzo. Podría acostumbrarme a tu imagen en mi mente, pienso. Podría acostumbrarme a jugar con el recuerdo de tu voz, pienso. El cigarrillo acaricia mis labios, y sólo a él puedo besar esta noche. No voy a añorarte más porque sé que me mientes, que nunca voy a tenerte, que tendrá que bastarme con los sueños locos de algunas noches en los que, por azar y buena suerte, aparece tu rostro fortuito. Quisiera verte y abstraer el tiempo presente y todos los impulsos que se han hecho un escrito más cada noche. 

Nuevamente es domingo, nuevamente se siente extraño. No sé qué pasa los domingos; tal vez sea el silencio, el oficio infructuoso del cuerpo, la casa, o la mente. Tal vez deba cambiar al cuerpo de entorno, probablemente permitirle a la mente transportarse a otros lugares. Siento que estoy en el punto de quiebre. Parece que mi cuerpo puede ahora viajar hacia cualquier estand de emociones; puedo sentirme acongojada y triste, puedo entrar en una faceta existencialista, o puedo incluso enamorarme de nada. El día no estuvo gris, pero yo siento el cuerpo extraño; ansioso, viajando en un recuerdo intangible que se ha hecho impenetrable ahora que ha transcurrido el tiempo. Mientras sea de noche procuraré no recordarte, la noche tiene una condición difícil de discurrir.

Se acerca el fin de mes, yo vuelvo a mis tradicionales noches de quietud y soledad. Los encuentros tan añorados con agentes del pasado al fin llegaron, y no fueron tan satisfactorios como lo soñé. El amor esta noche vuelve a mentirme, y no sé si me miento yo también para olvidar o sentirme fuerte. Prefiero soñarte, idealizarte, imaginarte, dibujarte, colorearte, saciar mis manos de ti hasta su punto culmen y luego olvidarte, desprenderte, desfigurarte y reemplazarte. 

Las horas transcurren y ya empieza el nuevo mes. Voy a esconder mi caja de impulsos pueriles, voy a hablar con los extraños y pedirles consejo, voy a pensar en ti mientras llene crucigramas y lea el horóscopo. Já, y tú vas a estar lejos, vas a besar otros labios y recorrer otros alientos. Y yo seguiré fumando este cigarro hasta que te pierdas en él, hasta que la música te encuentre y tú sientas un escalofrío en la espalda y sepas que en algún lugar de la noche estoy yo en mi balcón pensando en ti, susurrando tu nombre y acariciando mi propia piel. Preferiría inventar historias esta noche, quisiera que mis dedos dejaran de hablar del mismo rostro que anhelan, ése que nunca han sentido, ése que nunca dibujarán y ése que nunca podrán siquiera acariciar bruscamente.



1 comentario:

  1. La mentira. Actualmente hemos llegado a un consenso, no generalizado, de lo que es la verdad. Ya no es la palabra final, ahora es una construcción, es un acuerdo, es un espacio en el que nos ponemos de acuerdo sobre ciertos principios, sobre ciertos axiomas. Le hemos arrancado la verdad al positivismo. Pero no así la mentira. Ella sigue allá enquistada en ese lugar del todo o nada. Sigue siendo el lugar preferido de los radicales. La mentira es una y es condenatoria. Marca el fin, siempre el fin. Lo destruye todo, lo corroe todo. ¿Por qué? Ese papel lo jugaba antes la verdad. Cada vez que decíamos la verdad un reino desaparecía. Y preferíamos refugiarnos en las verdades a medias, en los largos silencios... en la mentira. La mentira era como esa niña traviesa que se esconde pero que le escuchábamos su sonrisa pícara para que la encontráramos. Hoy la mentira es una pistola, es un martillo, es una bomba de hidrógeno, es la muerte, es la nada. La niña se convirtió en agujero negro que todo lo traga. Hoy, la mentira es la nueva verdad.

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