Esta noche pienso escribir, y pretendo hacerlo sólo porque deseo sentirme elocuente o un poco interesante.
Tendré música de fondo para esta noche, tendré luna llena para esta noche, tendré libros, tendré colores. Tendré mis dedos, que son quienes hablan por mí en las noches.
Contreras pide música triste, yo le doy música triste.
Yo, por mi parte, pido percusión, así me que me doy percusión.
Mientras Contreras llora música yo sudo música, mientras Contreras canta música yo sonrío música, mientras Contreras suspende el vacío nocturno yo juego con él.
La miro a los ojos y le digo lo que no quiere oír, saboreo sus lágrimas y siento cómo de la manera más sutil puedo hacerle el amor a ésa mujer. Cómo me gusta escuchar su risa y saber que ha sido la misma desde siempre, desde que jugábamos a maquillarnos, desde que soñábamos con las películas que queríamos hacer, desde que salíamos de casa a la noche y sentíamos que empezábamos a crecer, desde que teníamos palabras en clave o tal vez desde que sentíamos que nadie más nos podía entender. Contreras prefería el amor terreno, yo por mi parte disfrutaba soñar con los personajes de los libros. Contreras sabía de mí y yo de ella, y eso se sentía bien.
Hoy a la noche la miro y siento que tal vez por pequeños instantes dejamos de ser esos niños y nos convertimos en los adultos que alguna vez soñamos; hoy a la noche la miro y me alegro de que esté llorando, así nos olvidamos de crecer, porque la quiero así: chiquitita, chiquitita, con sabor a lágrimas, a música triste y a café.
Del mundo para el viento.
Encantador texto. Final delicioso.
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