Empezamos con ésto un Lunes feriado que se sentía como un Domingo. Queríamos hacerlo cada Domingo en la noche, puesto que el vacío nocturno se había vuelto insoportable.
Tal vez ésto no desee leerlo nadie, y aquellos a quienes escribimos, por quienes escribimos, para quienes escribimos, jamás empleen un poco de su tiempo para sentirnos.
Yo hago el amor con las palabras, que es lo único que tengo, y el tiempo continúa con su rumbo impenetrable.
Algunas noches desprecio al Amor, lo maltrato con este cándido coloquio porque anhelo que me invite a acompañarlo, que toque a mi puerta, que baile o sonría, al menos una sola noche, para mí. Pero nada pasa, y todos los días de la semana saben a Domingo nocturno. Hasta los dedos se cohíben ahora de escribir verdades, los dedos que desearían levantar al cuerpo de esta silla de lamentos y música dedicada para llegar hasta el Amor a reclamarle su abandono.
No sé cuándo perdí el juego o si alguna vez dije una mala palabra que hirió al Amor, pero desde hace tiempo juega a inventarse en otros cuerpos, emplea nuestros versos en otras voces, camina tomado de otras manos, saborea otra saliva, penetra oscuridades que, sabemos, jamás serán las nuestras.
Esta noche es la noche 777 y el Amor llora y llueve sobre mi tejado porque me dirijo directamente a él. Ambos estamos tan lejos que somos como dos niños pequeños e indefensos que lloran en su respectivo rincón. Cómo quisiera abrazar al Amor, invitarlo a una copa de vino, regalarle mi saliva para que viajase con ella, bailar bajo la lluvia tomándolo por su propia frontera hasta acabarlo, beber sus lágrimas febriles.
Está lloviendo. Quisiera tener grandes ojeras y estar llorando. Entonces saldría de casa y cantaría bajo la lluvia, bailaría con ella, caminaría con un rumbo fijo y llegaría hasta él. Cuando él abriera la puerta yo no diría nada. Lo abrazaría fuerte, lo empaparía de lluvia y de lágrimas. Y entonces tal vez después emplearía mi voz para decirle “no podía mentirme más, no podía soportar diecisiete minutos más sin verte”.
La verdad es que no lo puedo soportar, solo llegue a la mitad.
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