Mi casa estuvo sola una semana. Usé los días para pintar el cuarto, ordenar la casa y pensar un poco. Al final de la semana quería cervezas y cigarrillos ... así que lo llamé.
Al vernos hablamos un poco de la vida y de las cosas, de la gente, de la música, de los libros, de los besos que nunca dimos o la gente de la cual decidimos no enamorarnos.
Cruzamos las miradas y las palabras, el alcohol y un brindis por cada shot de aguardiente.
Brindamos por el nuevo año, por la expectativa estúpida de querer encontrar a alguien, por la pereza del compromiso, por esa saliva que nunca fue cuando viajamos, por la música que escuchábamos cuando niños.
Él me contó de su fiasco, yo le conté del mío.
Y se sintió bien reconocer que a ambos nos hacía falta darle vida a nuestro lado animal. Sentir otra lengua, otros sudores y otros sabores y otras emociones.
Cruzamos las miradas y las palabras, el alcohol y un brindis por cada shot de aguardiente.
Brindamos por el nuevo año, por la expectativa estúpida de querer encontrar a alguien, por la pereza del compromiso, por esa saliva que nunca fue cuando viajamos, por la música que escuchábamos cuando niños.
Él me contó de su fiasco, yo le conté del mío.
Y se sintió bien reconocer que a ambos nos hacía falta darle vida a nuestro lado animal. Sentir otra lengua, otros sudores y otros sabores y otras emociones.
Acabamos la caja de aguardiente y fuimos a beber cerveza para seguir entendiéndonos. Hacía gente, hacía música, hacía nuestros silencios.
Es curioso y hasta risible, ahora que lo pienso.
Él me hizo aquella mirada, la mirada que intenta decir: '¡Anda, bésame! Y si no es eso, ahora tienes permiso de decir lo que siempre has querido decir.'
Ya no importaban los agentes externos, la gente a la que, por error, besamos unas noches antes. Nos encontrábamos allí danzando entre alcohol y pronto estaba yo tomando su rostro suavemente para rozar sus labios con los míos.
Aquella noche todo se fue al carajo.
Es curioso y hasta risible, ahora que lo pienso.
Él me hizo aquella mirada, la mirada que intenta decir: '¡Anda, bésame! Y si no es eso, ahora tienes permiso de decir lo que siempre has querido decir.'
Ya no importaban los agentes externos, la gente a la que, por error, besamos unas noches antes. Nos encontrábamos allí danzando entre alcohol y pronto estaba yo tomando su rostro suavemente para rozar sus labios con los míos.
Aquella noche todo se fue al carajo.
Una vez más dormimos juntos, juegos salvajes.
Al día siguiente fuimos a desayunar y a sentir el sol en la piel.
Al día siguiente fuimos a desayunar y a sentir el sol en la piel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario