lunes, 27 de febrero de 2012

Mientras llueven gotitas saladas.

Lamento hartarte con lo mismo, muñeco. Pero es que tengo tantas ganas de conocerte nuevamente. Tengo ganas de andar por las calles y jugar a gritar tu nombre para ver si te asomas por una de tantas ventanas que tiene la noche y la ciudad.

Voy a mostrarte la luna apenas perceptible cuando vuelva a conocerte, y no diré nada incoherente.

Voy a cargar con el primer escrito, o quizás el penúltimo, y no olvidaré tomar tu mano justo antes de dormir.

Voy a instruirme en tornados y desastres catastróficos, para saber contribuir al momento que antecede al buenas-noches.

Voy a fingir que no sé nada sobre Marcy Playground y que aquella es justo la primera noche que sé de ti.

Lamento tantas florecitas azules, muñeco. Pero es que siento la necesidad de sentir tu olor en el novilunio o al atardecer. Tengo ganas de ver tu rostro al despertar, o de agarrarte el cabello por atrás y que te molestes si lo hago cerquita de la frente.

Voy a olvidar todo lo que sé de ti para poder descubrirte, y a ver si esta vez sí logro desnudarte.

Voy a soñarte y a extrañarte, aún sin conocerte; a sentirte lúbrico y atractivo, aún sin haberte visto.

Será un jueves, y no estarás en casa para recibir mis globitos y mis barquitos de papel.





No hay comentarios:

Publicar un comentario