viernes, 19 de agosto de 2011

Azul-Nebuloso

Desde hace un tiempo le huyo a las reuniones sociales, a la aglomeración de ideas estúpidas, a las risas ácidas y agudas, al ponqué de cumpleaños, al canto innecesario, al partido de fútbol que nunca he querido ver, a los abrazos, al saludo más infructuoso.
Y lo hago porque desprecio, tal vez sin razón, al ser humano.
Independientemente de su idea y rumbo, de su sabor, de su olor, de su producto por vender.

-Yo venero al ser humano que no existe.
 No podría despreciar algo que no existe, o alguien...

Los detesto porque tratan de inventarse, de crearse, de mostrarse, de venderse, de prostituirse. No me interesa, no tengo ganas, no estoy de ánimos para soportar aquella orgía nauseabunda y todas sus peripecias.
Desearía mucho estar en otra parte. Siempre que estoy aquí, entre esta caterva de asesinos, imagino un parque silencioso en donde el viento me acaricie y me bese. En donde algún amor aún secreto me susurre al oído y yo pueda sonreír angustiada. En donde pueda condenarme por brindar caricias. No aquí, donde me condeno y me vomito en mí misma por tener que sonreír, cantar y socializar.

-A veces pienso que es uno mismo el que se condena a este muladar.
 
Tal vez, probablemente algún día cabrón decidí condenarme a la misantropía. Algún día en que descubrí que los humanos deberíamos comportarnos como los animales que somos, así sería bello. Pero los humanos jugamos a ser la imagen que no se es, la imagen que con tanto empeño hemos diseñado basados en el tiempo y estrategia.

Por eso quienes saben de mí dicen que soy un gato.
 Los gatos odian a todo el mundo de súbito.
 Cuando les da la gana.
 Otros días aman y desean al mundo y piden a gritos caricias y saliva en el cuerpo.






 

2 comentarios:

  1. http://imaginartedelirio.blogspot.com/2011/08/en-la-esquina-de-las-ruinas.html

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  2. Dejá de hacer publicidad aquí, pelotuda! Já! Te amamos.

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