Decidí llamarlo así puesto que fue eso mismo lo que descubrí hace unas semanas cuando caminaba por una calle transitada y te encontré. Tú me hablaste y yo supe que nunca más iba a querer tomar contigo el mismo autobús de camino a casa. Y ahora, tiempo después mientras escribo, me pregunto por qué de súbito dejé de quererte, y ésta es mi respuesta: tal vez nunca lo hice.
Posiblemente decidí cegarme y mentir(te-me) justo en el momento en que mi cuerpo no podía resistir a tanta soledad, a tanta falta de Amor.
Ahora sé que no quiero encontrarte nunca más, que ya no quiero que nuestros cuerpos se acaricien ni nuestras voces se crucen; ahora sé que te escogí a vos porque no quería tener un amigo, quería firmar un contrato.
Discúlpame, nuevamente, si no te doy explicación, pero mi alma es así, sedienta de Amor y no de afirmaciones.
Sucedió justo cuando no supiste continuar con nuestro acuerdo, cuando sugeriste una radicalidad, cuando comenzaste con tus reclamaciones y tu perorata.
Ahora soy yo quien te dice: "Adiós, no quiero verte nunca más"; y seré yo quien sí consiga lograrlo, efectivamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario