lunes, 5 de marzo de 2012

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No sé dónde estás y tampoco sé si quisiera saberlo. Hace dos noches te me perdiste por un momento, pero estuviste allí, en el roce de unos labios que no pedí ni pretendí con tanta argucia como sucedió esa noche de Noviembre contigo.

Mi cuerpo se libera de un cuerpo al saber de ti, pero sucede porque tú eres todos los cuerpos, todos los sabores y todos los olores que mi alma insiste en conseguir.

Está el campo y está la tierra, están tus sábanas blancas, tu lecho embriagador. Están mis cuentos cortos, mis letras concurrentes y mis palabras repisadas, está mi léxico finito, tu risa entre la mía, tus movimientos en mi cuerpo y mi acción favorita de verte de lejos. Está la poca prestancia de mí mismo, mis ganas de ser un sujeto masculino para poder tener tal ligereza al hablar de ti.

Vamos a escondernos bajo el sol. Vamos a guardar secreticos y yo voy a imaginar que te muerdo suavemente la boca hasta sentir tu lengua que me habla y me seduce. Vamos a recostarnos en el pasto y a jugar con pompas de jabón, yo voy a regalarte cuenticos para que leas antes de dormir.

Vísteme, desvísteme, báñate conmigo, amor de Jueves.

Despréciame, jódeme, no dejes que me sacie de ti.

Déjame jugar con tus oscuridades, con tus palpitaciones, con tu sangre que se comprime, con tu juguete sexual catatónico.

Evítame para que tenga que buscarte, y por ninguna razón permitas que imagine que llegas de sorpresa a verme.



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