martes, 10 de enero de 2012

La noche del 7.


Es de mañana y no aguanto, no puedo esperar a que llegue la noche para escribirte.
Amaneció y pensé en ti. Anoche saboreé un cuerpo y no fue el tuyo.
Anoche el aguardiente y la cerveza hicieron otra vez lo suyo.
Tengo ganas de un cuerpo, sólo un cuerpo, sin rostro, sin historia, sin identidad.
Voy a escribirle cartitas de amor a ese cuerpo y entregárselas mañana a la noche.
Tengo los ojitos encharcados. Lagrimitas dulces.
Tú dices que mis piernas cortan las lenguas del sol, que me quieres besar las piernas, besar el labio de arribita, besar el ombliguito y la mano izquierda, y que ojalá no andes ya hundido en mis juegos.

Prometí escribirte cuando abriera los ojos y hasta ahora lo hice. El día no tuvo sol.
Es Domingo, eso resume todo lo que sucede. Al parecer ya no voy a bañarme o tal vez lo haga sólo para salir al parque y recostarme en el pasto a contar estrellas y fumarme un cigarrillo.

Pues vaya que sí me hiciste sonreír.
Me gustan tus palabras, tú me gustas también.
Se me olvidó contarte, creo. Compré un caballete para pintar. Y con él quisiera pintarte un montón de cielos azules y atardeceres.
Tengo ganas de beberme las penas contigo como antes, y darte un poco de mi instinto animal y de mis suspiros.

Tengo una botella de vino. Para darle chupitos y flotar pensando en agarrarte por la espalda suavemente. Con los dos brazos como te gusta.
(…) Sólo quería beberla y agarrarte por la espalda para voltearte y besarte un poco salvajemente.

Esta botellita está suavecita.
Está como para navegar en tu entrepierna.

Me gusta gritar y alzar los brazos recordando esa lengua. Esas manos que me empujaron contra la almohada. Esos dedos que apagaron la televisión y mandaron lejos lo que había sobre mi cama. Esa piel que estuvo asidua a mi piel. Ese olor. Esa corta respiración.
Me gusta cerrar los ojos y cubrirme el rostro recordando mis ansias. Mis manos que indagaban. Mis suspiros atrevidos. Mis dientes que mordían esos labios y esa lengua y ese rostro y esas piernas y ese cuello y ese sudor.

Es de mañana y no aguanto, no puedo esperar a que llegue la noche para compartir contigo esa saliva y ese recuerdo. Abro la botella de vino, cierro los ojos y me concentro. Y si lo hago bien puedo reírme, puedo aplaudirme, puedo sentirme.



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