lunes, 6 de agosto de 2012

Si fuéramos.


Si nosotros fuéramos amantes, seguramente no nos dolería tanto nuestro tacto, tal vez si lo fuéramos nos daríamos paso a lo sagrado mientras sudamos juntos.

Si nosotros fuéramos almas, seguramente sabríamos que nos queremos, o lo haríamos de veras.

Si nosotros fuéramos amigos, nos reiríamos de cada acción pueril o anodina, y nos apoyaríamos o pelearíamos incluso en la tarea más mínima.

Si nosotros fuéramos fieles, podríamos disfrutar estando juntos, podríamos sonreír como si la sonrisa nos hiciera etéreos; pero no somos de nadie, y al mismo tiempo somos de muchos.

Si nosotros fuéramos cómplices, sabríamos al menos un poco del otro, tendríamos un lenguaje sólo para los dos.

Si nosotros fuéramos compañeros, al menos algo nos ataría con un laso invisible por un pequeño espacio de tiempo.

Si nosotros fuéramos seres destinados a conocerse, sería fácil recordarlo a diario.

Si nosotros fuéramos una caricia, podríamos ser un roce ridículo de esos que sólo funcionan si se imprime algo de interés.

Si nosotros fuéramos el silencio, seríamos la abstinencia, seríamos la omisión.

Si nosotros fuéramos apoteosis, seríamos también fracaso.


Si nosotros fuéramos el amor, ése amor en el cual prefiero no creer, seríamos justo lo que somos ahora, seríamos una maldita mentira y tus palabras sólo serían mentiras bien contadas.
Cuando estuviéramos juntos sabríamos que uno de los dos siente miedo y sonreiríamos sólo para hacer que el otro dejara de temer.
Si de repente surgiera el deseo entre nosotros, sería un simple deseo egoísta, ansias de carne y de placer.
Al decirnos el uno al otro que nos queremos, tendríamos miedo de creer.
Un atisbo del tiempo verdadero nos recordaría que nos traicionamos a cada segundo.
Y no seríamos capaces de inventarnos una historia juntos, pues nuestra jerga sería mediocre y banal, estaría tan llena de chistes estúpidos y de comentarios insustanciales.
También seríamos conscientes de que somos como el viento, sabríamos que, si lo quisiéramos, volaríamos cualquier día a cualquier parte.
Y entonces nuestro cuerpo recordaría con una burla estruendosa  todo lo que nos dijimos aquella vez, aquella noche en la que creímos habernos encontrado.
Le mentiríamos al otro aún más y más e incluso a nosotros mismos.
Y pronto desapareceríamos, por razón del tiempo, de la casualidad o del olvido.




1 comentario:

  1. Pero no lo somos. Ergo, nada desaparece, nada es engullido por el tiempo.

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