Si nosotros fuéramos amantes, seguramente no
nos dolería tanto nuestro tacto, tal vez si lo fuéramos nos daríamos paso a lo
sagrado mientras sudamos juntos.
Si nosotros fuéramos almas, seguramente
sabríamos que nos queremos, o lo haríamos de veras.
Si nosotros fuéramos amigos, nos reiríamos de
cada acción pueril o anodina, y nos apoyaríamos o pelearíamos incluso en la
tarea más mínima.
Si nosotros fuéramos fieles, podríamos
disfrutar estando juntos, podríamos sonreír como si la sonrisa nos hiciera etéreos;
pero no somos de nadie, y al mismo tiempo somos de muchos.
Si nosotros fuéramos cómplices, sabríamos al
menos un poco del otro, tendríamos un lenguaje sólo para los dos.
Si nosotros fuéramos compañeros, al menos algo
nos ataría con un laso invisible por un pequeño espacio de tiempo.
Si nosotros fuéramos seres destinados a
conocerse, sería fácil recordarlo a diario.
Si nosotros fuéramos una caricia, podríamos ser
un roce ridículo de esos que sólo funcionan si se imprime algo de interés.
Si nosotros fuéramos el silencio, seríamos la
abstinencia, seríamos la omisión.
Si nosotros fuéramos apoteosis, seríamos
también fracaso.
Si nosotros fuéramos el amor, ése amor en el
cual prefiero no creer, seríamos justo lo que somos ahora, seríamos una
maldita mentira y tus palabras sólo serían mentiras bien contadas.
Cuando estuviéramos juntos sabríamos que uno de
los dos siente miedo y sonreiríamos sólo para hacer que el otro dejara de
temer.
Si de repente surgiera el deseo entre nosotros,
sería un simple deseo egoísta, ansias de carne y de placer.
Al decirnos el uno al otro que nos queremos,
tendríamos miedo de creer.
Un atisbo del tiempo verdadero nos recordaría
que nos traicionamos a cada segundo.
Y no seríamos capaces de inventarnos una
historia juntos, pues nuestra jerga sería mediocre y banal, estaría tan llena
de chistes estúpidos y de comentarios insustanciales.
También seríamos conscientes de que somos como
el viento, sabríamos que, si lo quisiéramos, volaríamos cualquier día a
cualquier parte.
Y entonces nuestro cuerpo recordaría con una
burla estruendosa todo lo que nos
dijimos aquella vez, aquella noche en la que creímos habernos encontrado.
Le mentiríamos al otro aún más y más e incluso
a nosotros mismos.
Y pronto desapareceríamos, por razón del
tiempo, de la casualidad o del olvido.
Pero no lo somos. Ergo, nada desaparece, nada es engullido por el tiempo.
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